sábado, 22 de octubre de 2016

Ese día

¿Te acuerdas de ese día? Fue algo inesperado, pero he de admitirte que desde que me enteré de que andabas cerca fantaseaba con que te acordaras de mi en algún momento de tu ajetreada semana y nos viéramos. Que con la excusa de tomarnos unas cañas, nos pusiéramos al día.
Te la jugaste mucho, en esa semana no había aparecido por las redes sociales y corrías el riesgo de no encontrarme. Podría haber estado en otra ciudad, tener otros planes... pero apareciste. Apareciste de una forma inesperada, en un lugar inesperado y en el momento aún menos esperado.
Pero lo que más me sorprende fue mi reacción tomando el control de una tarde atípica, en donde no hubo ningún silencio de esos que llaman incómodo.
Cuando les cuento a las chicas cómo fue esa tarde les hablo de eso, de que no hubo silencios. Que conociéndome es raro.
Me acuerdo perfectamente de las conversaciones que tuvimos. De los detalles. De algunos de tus tics, de tus muletillas.
¿Y ahora pasado el tiempo qué nos queda? El recuerdo del paseo por las calles, el descubrirnos poco a poco, de acabar empapados por la lluvia.
¿Te acuerdas de ese día? Pronto, muy pronto, lo repetiremos. Pasaremos horas hablando sin decir nada y descubriendo y redescubriendo lugares que solo uno de os dos conoce.
Me parece una locura pensar que nos volveremos a reencontrar, y el lugar donde lo haremos. Pero si no hacemos locuras ahora, ¿cuándo las haremos?
¿Te acuerdas de ese día? Pues desde ese día. Hasta hoy. Quizás hasta siempre.

lunes, 16 de mayo de 2016

Psicoanálisis

Nos conocimos un viernes, por la tarde, ya casi de noche, justo cuando llegaba al hotel con mis peores pintas, con mi peor cara. Qué cara iba a tener si había empalmado el cansancio del día anterior con una dura jornada de trabajo y unas cinco horas de viaje.

Y nada más llegar, no habíamos atravesado la puerta del hotel que sería nuestra casa durante los próximos dos días, ahí estabas. Con un botellín en la mano y ese acento andaluz que te delata.

Esa misma noche después de varias cervezas, algún que otro cubata, de visitar esos sitios que fingías conocer tan bien y que era la primera vez en los que estabas, te tenía calado. Eres de los que embaucan, de los que la vergüenza no conoce, de los que van de duritos y si rascas un poco descubres  sus debilidades. Descubrí la tuya en cuanto hablaste de tu familia.

Si supieras que yo callaba porque estaba analizándote, descubrí tus manías, tus muletillas al hablar en todo ese tiempo que estuve callada. Descubrí que en el fondo no quieres estar solo, que te asusta mucho, aunque no dejaras de repetir una y cien veces, como un mantra, que no te veías en el futuro con nadie, que no querías complicaciones.

Puse excusas a algunos de tus comportamientos, pero aunque no lo quieras admitir y te cierres en banda, llegará el día en el que conozcas a alguien al que realmente quieras y te olvidarás de tu mantra. No te importará dejar de salir de fiesta, los kilómetros que os separen y las complicaciones que os pondrá tu trabajo, que son muchas.

Llegará un día que descubras que tienes que empezar a quererte, a valorarte y entonces aparecerá esa persona que te hará olvidar todo en lo que creías y mejorará la mejor versión de ti mismo.

Nos despedimos a la noche siguiente, de una manera un tanto rara. Íbamos al hotel a terminar una noche de esas que llaman legendaria y te llamaron. Solo hizo falta una llamada para que salieras corriendo. Hasta el final huiste, no querías enfrentarte a la despedida.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Una tarde de lluvia








  • Eres, como una tormenta, inquieta, inesperada.
    Eres, el caos que lo inunda todo y la tranquilidad con la que arrasas.
    Eres, claros y oscuros.
    Eres, sin duda, la calma, mi calma.


    Eres, una tarde de lluvia cualquiera de esta semana.
    Eres, un sábado de locura y
    un domingo en la cama, mi cama.


    Eres, el viento que empuja hacia mis metas.
    Eres, el miedo que hace que cruce montañas.
  • Eres, sin duda, alivio para el alma, mi alma.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Imaginarte

En estos días me da por imaginar cómo sería todo si volviéramos a hablar. Contarnos cómo hemos pasado el día, lo primero que se nos pase por la cabeza, nuestros secretos.

Me gusta imaginar que un día cojo un avión y lo dejo todo para empezar de nuevo junto a ti. Imagino nuestra casa, cómo serían nuestras rutinas, trabajo, hasta me imagino tus manías y cómo acentuaría las mías. Imagino los besos de por las mañanas antes de ir al trabajo y los de por las noches antes de ir a dormir. Es una costumbre que te haría prometer que nunca olvidaríamos, da igual cómo estemos, pero todas las noches no nos iríamos a dormir sin decirnos todo lo que nos queremos.
Imagino los desayunos eternos a tu lado o los experimentos en la cocina. Los viajes, las comidas, las compras.

Me gusta imaginar cómo serían nuestros enfados, descubrir tu carácter. Que te des cuenta del mío. Salidas hasta las tantas o tardes interminables de sofá y manta. Me gusta imaginar tu olor nada más salir de la ducha o el de las tostadas que preparas por la mañana.

Me gusta imaginar, pero lo que más me gusta es imaginarte

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Te sigo queriendo

Yo te quiero, te juro que te quiero, es más, podría y puedo decir que quiero que pasemos toda la vida juntos. Lo tengo claro.  Muy claro. Lo decidí hace ya casi cinco años, y he disfrutado contigo. Mucho, a pesar de que hemos tenido épocas de flaqueo. A pesar de todo me gustas y he decidido luchar por nosotros, aunque te me estás resistiendo.

Hoy creo que ha sido nuestro peor día, el peor día de toda nuestra historia, peor aún que cuando me dijeron que nos volvíamos a ver en julio el primer año. Hoy me has puesto al límite, es más, tengo miedo de nuestro reencuentro mañana. Mucho. Se que  tu no tienes la culpa, se que quien tiene la culpa son aquellos que se han desenamorado de ti, que se han acostubrado a la rutina, a que se lo den todo hecho. Que tienen pánico a los cambios y a las cosas nuevas, y a los nuevos.

Pero no te preocupes, yo te quiero, te prometo que no tiraré la toalla, mañana cuando me despierte será un día nuevo. No permitas que te deje, aunque yo no quiera, sígueme queriendo.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Vete


Prométeme que te irás. Prométeme que un día cogerás todas tus cosas y te irás. Sin decir nada, sin echar la vista atrás. Harás como el pequeño Totó en la película Cinema Paradiso. Cogerás todo lo que es tuyo: tu ropa, tus cuadernos, tus libros, sobre todo tus libros. Y te irás, te irás lejos, aprovecharás tu vida. Vivirás.
No volverás por nada del mundo. Ni una carta, ni un correo electrónico, ninguna llamada, ningún whatsapp, ya me encargaré de borrarte de todas las redes sociales. Nada. No sabremos nada de ti. Ni de tus éxitos ni de tus fracasos, sobre todo de tus fracasos.
Coge una maleta y viaja. Piérdete por Europa, o por el mundo. Conoce, nunca te canses de conocer. Conoce a gente. Llegará un momento en el que con solo dos palabras sabrás leer a la gente, cuando llegues a ese punto sigue descubriendo a más. No te crees enemigos, acuérdate de lo que te decía la sabia de tu abuela: Haz amigos hasta en el infierno. Aquellos son los que más tendrás que cuidar y conservar
Y si algún día tus éxitos son tan grandes que sientes necesidad de compartirlos con alguien, no vuelvas. Sigue caminando. Volver solo significará que has echado la vista atrás, y eso es un retroceso. Camina, con la cabeza bien alta, con paso firme y derecho.
Respira, respira para sentir que estás vivo, como dice esa canción de Bebe. Aprende a respirar, te servirá para saber comportarte en los peores momentos.
Enamórate. Enamórate todos los días, mejor dicho a cada segundo. Enamórate del paisaje, de un olor, de un edificio. De una persona también. Enamórate de ella muchas veces. Comete locuras, en el amor uno nunca está cuerdo.
Da las gracias, siempre. A todas horas. Y, aunque ahora no lo entiendas, da las gracias porque un día te hice prometer que te irías y nunca más volverías.
No digas nada, no quiero que digas nada.
Vete.

domingo, 26 de julio de 2015

Mi discurso de graduación

Aquí os dejo el texto de mi primer discurso, digo que es el primero porque cuando domine el mundo entero os cansaréis de escucharme todos los días...



En primer lugar quería dar las gracias a todos los que estáis aquí acompañándonos en este día y en especial a mis compañeros, que han querido que hoy sea su voz. .
Intentaré ser breve, clara y concisa, que para eso hemos estado cuatro años ensayando cómo ser periodistas.

Podría utilizar varios de los tópicos que se suelen reseñar en discursos como este:

  • El primer día de universidad. De ese día solo recuerdo una frase y porque la escribí en la primera y última entrada de un blog que se suponía que iba a ser el diario de la carrera. Decía así: “Sed rebeldes, sacad matrículas”, y eso es lo que hemos estado intentando durante estos cuatro años, ahora tenemos que seguir siendo rebeldes y mostrar la mejor versión de nosotros mismos día a día.
  • Podría hablar de los profesores que hemos tenido: cómo Mercedes nos hizo soñar con que queríamos ser redactores y escribir reportajes era lo nuestro. Con Pepa nos creímos los más expertos delante y detrás de las cámaras. Rebeca hizo que nos picara el gusanillo de la radio. Carles y Julio nos hicieron soñar con que seríamos grandes presentadores de telediario. Francescutti nos abrió la puerta hacia la opinión y con Emilio descubrimos lo maravilloso y caótico que es hablar de cualquier tema sin ninguna regla, cuatrocientas palabras y un papel en blanco para hacer lo que quisiéramos. Ahora solo falta que lo que hemos aprendido en esas prácticas lo apliquemos a nuestro trabajo.
  • Otro de los temas tópicos que suele salir en estos discursos son las frases y situaciones por las que recuerdas a los profesores. Recordaréis a Sendín por lo que se aplaudía en sus clases, a Vacas y Madariaga por contar las veces que decía una palabra en inglés uno y las que se tocaba la barbilla el otro. No os olvidareis de las expresiones “gorilaje”, “más fantasmas que en los castillos de Escocia” o “esto no es un kindergarten, señores” gracias a Quintana. Recordaréis personajes y personalidades que han ido apareciendo durante toda la carrera como Lasswell o Lazasfell, y otros que nos han acompañado durante este último año. Cuarto se ha sustentado en Alberto Cairo, como gurú de la infografía, Igartúa, y su investigación sobre la inmigración, y el sexo. El sexo como variable independiente, cualitativa, nominal. No vayan a pensar mal. Bueno aunque de la manera que estáis pensando también se ha tocado el tema, Umbral o Bécquer eran muy dados a ello.
Hoy es un día en el que todo esto nos viene a la cabeza. Es un día para echar la vista atrás, pero sobre todo, para mirar hacia delante. Algunos volverán a sus ciudades o pueblos, otros se resistirán y tendrán el futuro más que planeado, y otros, como yo, se harán la dichosa pregunta ¿y ahora qué? ¿Seguimos estudiando? ¿Cogemos un avión y empezamos de nuevo? Es un momento de tomar decisiones, quizás no sean las adecuadas, pero estoy segura que de todas ellas aprenderemos.

Dicen que somos la generación perdida, yo les respondo a modo de ese anuncio que seguro que habéis escuchado: Nosotros somos la generación encontrada. Los que nos reunimos hoy aquí somos creativos, luchadores, soñadores, los hay que viven enamorados de la radio o de la televisión, que quieren recorrer el mundo con una mochila y volver para contárnoslo. Los hay que aman el deporte, las motos, los que te trasmiten solo con un boli y papel, a los que los que no les importaría trabajar en la investigación. En este salón de actos nos sentamos hoy personas muy diferentes con sueños dispares, pero nos sentamos para levantarnos y acabar algo juntos.

Os dirán que estamos en el peor momento laboral, nos definen como los eternos becarios. ¡No! Somos aquellos que ante los problemas buscan soluciones, somos personas que entienden el significado de la palabra perseverar, y si algún día tenemos que decir basta lo haremos. Tenemos una filosofía basada en el sacrificio y esfuerzo. Se trata de soñar grande y trabajar duro para llegar a ser lo que queremos y no lo que quieren que seamos.

Dicen que es el peor momento para ser periodista, pero también para ser maestro, ingeniero o médico. Nuestra profesión no solo se enfrenta a la crisis económica. Nos enfrentamos a una crisis anterior, la de no saber adaptarse y a otra peor, una crisis de identidad. Los tiempos cambian y nuestra profesión lo hace con ellos a una velocidad increíble. Hace diez años estoy segura que ninguno de los que salían recién graduados pensaban en trabajar en el entorno web. Esta profesión es una carrera de fondo en la que hay que estar renovándose continuamente, pero siempre trabajando con una premisa: la verdad. Todos sabemos que la objetividad no existe, debemos aprender y luchar por trabajar por y para la verdad, siendo honestos con nosotros mismos y, sobre todo, con nuestro público.

Llega el momento de decir adiós, aunque yo más que de adiós soy de hasta luego. Se hará raro no volver en septiembre y ver lo perdidos que es están los de primero, no quejarnos por tener que ir a gestión o a la biblioteca o al aulario 3, aquí todo está lejos. Echaremos de menos pedir material a Marga, que Nerea nos dé una de sus clases sobre avid, manejar la mesa de mezclas o el control del plató, o darles la tabarra a los técnicos con las cámaras y ordenadores.

En definitiva, echaremos de menos la Universidad, con sus cosas buenas y no tan buenas. Aquí hemos cambiado, y quién se niegue a verlo se está mintiendo. En estos cuatro años hemos crecido como personas, nos hemos quitado los caparazones con los que vivimos día a día y hemos brillado con luz propia, una luz que es difícil de apagar.

Como decía es tiempo de decir hasta luego, pero también de dar las gracias. Gracias en mayúsculas. Gracias a los profesores porque con ellos hemos aprendido de lo bueno y de lo malo. Gracias a aquellos que se presentaban en clase para leer y subrayar un libro o unas diapositivas. Pero gracias, sobre todo, a esos que sienten pasión por la enseñanza y la profesión. Gracias a José Manuel, por aceptar nuestra invitación a ser la representación de los profesores en este acto. Nuestra relación ha sido corta, tan solo tres semanas para que surgiera el flechazo entre nosotros. Pero estas tres semanas han bastado para ver la pasión que tienes por tus alumnos, aunque hayan sido dos grupos que te cayeron de forma inesperada y quizás en el peor momento. Gracias porque nos hiciste ver que si a alguien le interesa su trabajo y quiere lo da todo y se esfuerza.

No puedo terminar sin dar las gracias a aquellos que se llevaban las manos a la cabeza cuando tu respuesta a la pregunta ¿hijo, tú qué quieres ser de mayor? era: periodista. ¿Pero estudiarás algo más, no? decían. Gracias a nuestros padres y familia que hoy están compartiendo este momento tan especial. Gracias por creer en nosotros cuando ni siquiera nosotros mismos lo hacíamos, gracias por aguantar las semanas de exámenes, los días de grabación, los madrugones y los insomnios. Simplemente gracias por estar ahí.

Y cómo no, gracias a mis compañeros. Hemos sido un grupo con altibajos, como la vida. Unas veces muy unidos y otras sin soportarnos un segundo. Pero de todos estos años quedaos siempre con las cosas buenas, las personas que habéis conocido, los amores fugaces o eternos o los amigos que habéis hecho. Han sido cuatro años intensos de carrera, pero de una carrera de entrenamiento. Hoy puedo decir que estáis, estamos preparados para la verdadera competición de fondo ¡Enhorabuena! Nos vemos por el camino.