miércoles, 2 de septiembre de 2015
Vete
Prométeme que te irás. Prométeme que un día cogerás todas tus cosas y te irás. Sin decir nada, sin echar la vista atrás. Harás como el pequeño Totó en la película Cinema Paradiso. Cogerás todo lo que es tuyo: tu ropa, tus cuadernos, tus libros, sobre todo tus libros. Y te irás, te irás lejos, aprovecharás tu vida. Vivirás.
No volverás por nada del mundo. Ni una carta, ni un correo electrónico, ninguna llamada, ningún whatsapp, ya me encargaré de borrarte de todas las redes sociales. Nada. No sabremos nada de ti. Ni de tus éxitos ni de tus fracasos, sobre todo de tus fracasos.
Coge una maleta y viaja. Piérdete por Europa, o por el mundo. Conoce, nunca te canses de conocer. Conoce a gente. Llegará un momento en el que con solo dos palabras sabrás leer a la gente, cuando llegues a ese punto sigue descubriendo a más. No te crees enemigos, acuérdate de lo que te decía la sabia de tu abuela: Haz amigos hasta en el infierno. Aquellos son los que más tendrás que cuidar y conservar
Y si algún día tus éxitos son tan grandes que sientes necesidad de compartirlos con alguien, no vuelvas. Sigue caminando. Volver solo significará que has echado la vista atrás, y eso es un retroceso. Camina, con la cabeza bien alta, con paso firme y derecho.
Respira, respira para sentir que estás vivo, como dice esa canción de Bebe. Aprende a respirar, te servirá para saber comportarte en los peores momentos.
Enamórate. Enamórate todos los días, mejor dicho a cada segundo. Enamórate del paisaje, de un olor, de un edificio. De una persona también. Enamórate de ella muchas veces. Comete locuras, en el amor uno nunca está cuerdo.
Da las gracias, siempre. A todas horas. Y, aunque ahora no lo entiendas, da las gracias porque un día te hice prometer que te irías y nunca más volverías.
No digas nada, no quiero que digas nada.
Vete.
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